Se jugaba la Final de la Copa Libertadores de América de 1980, Nacional ya había superado a Oriente Petrolero, Defensor Sp., The Strongest, Olimpia y O'Higgins, y se había hecho con un lugar para pelear por el título más importante del Continente a nivel de clubes.
El Decano debía enfrentar al Internacional de Porto Alegre, y el sorteo -realizado el 19 de julio- terminó marcando que el partido de ida se jugaría el 30 de ese mes en el Estadio Beira Rio. Había que arrancar la llave jugando de visita, algo positivo, ya que eso significaba que el partido definitorio se jugaría en el Estadio Centenario. Pero la hinchada más fiel del mundo dejaría una huella imborrable en la historia del fútbol latinoamericano y mundial.
A 48 horas del encuentro comenzó a producirse una salida masiva de hinchas Tricolores rumbo a Brasil, más precisamente a Rio Grande do Sul, donde se disputaría la primera final. Autos y los ómnibus llenos de Bolsos inundaban las rutas y cruzaban la frontera ilusionados para acompañar al equipo en el Beira Río.
Por tierra o por aire, cerca de 25.000 hinchas tomaron las calles de Porto Alegre y las tiñeron de tres colores en lo que se denominó como "El segundo éxodo del Pueblo Oriental", también llamado "La toma de Porto Alegre", un hecho histórico que generó asombro en todo el Continente, que hasta la fecha nadie pudo igualar, en una muestra más de que la hinchada de Nacional es la más fiel y seguidora.

La “Revolución futbolística” del equipo de Juan Martín Mugica, fue acompañada por el pueblo de Nacional durante toda la gesta y tuvo su punto más alto en las finales de la Copa. Tres días antes del partido, ya no había más pasajes de avión para Porto Alegre y tampoco habían más pasajes de ómnibus en las excursiones que se organizaron para el partido. Las agencias de viajes de Montevideo, solicitaron de urgencia a las ciudades del interior autobuses para rentar y se encontraron con la sorpresa que todos estaban afectados a distintas excusiones organizadas por los hinchas de tierra adentro.
Se organizaron salidas en tren hasta Rio Branco, para luego tomar un autobús desde Jaguarao hasta Porto Alegre, además de varios camiones que salieron con hinchas que no podía pagar el viaje. Esto sin contar lo cientos de autos que viajaron por carretera e incluso algunos hinchas que se largaron a hacer la travesía en moto desde algunas ciudades fronterizas hasta Porto Alegre. Aquello fue una locura, una movilización popular sin precedentes en el continente americano, desde 1811 no se había sucitado un hecho semejante. Fue el segundo éxodo del pueblo oriental.

En la cancha, aquel partido de ida tuvo a Rodolfo Rodríguez en el arco; José Hermes Moreira, Juan Carlos “Cacho” Blanco, Hugo De León y Washigton González en el fondo; Víctor Espárrago, Eduardo De la Peña y Arcenio Luzardo en el medio; Alberto Bica, Waldemar Victorino y Julio César “Cascarilla” Morales en la delantera y en la dirección técnica Juan Martín Mugica.
Las veinticinco mil almas Tricolores alentaron con fuerza a este histórico equipo que devolvió ese apoyo con un rendimiento a la altura de las circunstancias, donde fue superior pero no pudo traerse una victoria, aunque sí se trajo un empate 0 a 0 valiosísimo, que dejaba la serie de forma muy favorable para el Decano.
Una semana más tarde Nacional se consagraría Campeón ante 70.000 espectadores presentes en el Estadio Centenario, obteniendo así la segunda Copa Libertadores de su historia, poniendo el broche de oro a una campaña memorable y después de una muestra de amor sin igual por parte de los hinchas Tricolores.